La llegada del otoño anuncia el inicio de un nuevo curso escolar en Hogwarts. Pero este otoño no trae consigo sólo colores vivos y hojas caídas, trae también la presencia de una nueva alianza.
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¡Alguien pode ese árbol! {con Ares Wellington}

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¡Alguien pode ese árbol! {con Ares Wellington}

Mensaje por Birgit W. Lohse el Mar Mayo 07, 2013 9:39 pm


¡Alguien pode ese árbol!

La chica estaba completamente aburrida, acostada en su cama simplemente viendo el techo de su habitación. Era fin de semana y estaba hastiada porque no tenía nada que hacer, ya había terminado con sus deberes y no había práctica de quidditch. Sus amigas habían decidido fugarse a Hogsmade con otros chicos pero ella simplemente no se encontraba de humor para aquella. La verdad es que la siempre sonriente Birgit estaba algo deprimida últimamente. Con un suspiro se levantó de la cama y se estiro con desgana. Se vio en el espejo que estaba en el otro lado del cuarto, grave error, estaba hecha un asco. Con el cabello enmarañado, lagañosa y con los ojos un tanto hinchados, pues había tomado una siesta. Y con siesta nos referimos a hibernación.

Después de darse un muy necesitado baño, se secó el cabello con un movimiento de varita, se vistió y se acicaló un poco. Decidió que iría al castillo, rumbo a la biblioteca. Sí, era un tanto nerd y antisocial pero era lo que necesitaba, además hace tiempo que no iba a ese lugar. Tampoco algo de comer vendría mal. Hace tiempo, por “accidente” escuchó una interesante conversación acerca de la entrada secreta a las cocinas esos elfos eran un amor y si que tenían buena sazón.

Llegó al castillo y la primera parada fue a las cocinas, donde se atiborró de galletas y pastelillos, se sentía algo culpable de dar más trabajo a los pobres elfos pero ellos no parecían infelices, al contrario. Finalmente fue a la biblioteca y después de una gran búsqueda se fue con un buen libro entre las manos.

Para cuando ya estaba en los terrenos, se sentía mucho mejor, con su humor usual. Daba pequeños saltos en lo que cantaba una tonada noruega de su pueblo natal, dando saltos ridículamente. Aprovechaba que se encontraba sola, si alguien la viera haciendo algo como aquello, moriría de vergüenza.

En lo que daba una “vuelta de bailarina” el libro que sujetaba en su mano voló por los aires aterrizando, para su mala suerte, en la zona del Sauce Boxeador. Al ver donde estaba hizo una expresión casi cómica. Debía recuperar ese libro, pues no era suyo, pero no quería terminar siendo papilla de árbol.

“Quizá si me muevo rápido… digo, no está tan lejos…” pensó mordiéndose el labio.

Con un impulso de estupidez, saltó en busca del libro, que pudo coger, una expresión de triunfo se plasmó en su rostro hasta que cayó de bruces por una pequeña roca, el pánico la inundó al ver al árbol reaccionar. Iba a morir y por un puto libro.
Se dio una bofetada mental ¿Por qué no atrajo el libro con un hechizo? Si lado muggle habpia reaccionado y no había razonado para nada la situación. Genial, tendría una muerte estúpida. Un chillido para nada parecido a un humano salió de su pecho mientras se cubría torpemente con sus brazos pensando una y otra vez “¡Mierda, Mierda”.


Sauce Boxeador ▲ Por la tarde, después de clases ▲ Ares Wellington

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Re: ¡Alguien pode ese árbol! {con Ares Wellington}

Mensaje por Ares Wellington el Mar Mayo 07, 2013 11:33 pm

Ojos azules como el zafiro, fríos como el hielo e inquebrantables como la voluntad del más aguerrido de los magos. Afortunado y extraño era aquel que pudiera sostener la mirada de Ares Wellington y salir impune sin la sensación de que hubiera podido meterse en su mente a placer y hacer y deshacer a su antojo. El profesor Wellington no solo era uno de los magos más famosos de Inglaterra e Irlanda gracias a los cuatro años que jugó en los Chudley Cannons, sino que también era temido y respetado por los estudios que llevó a cabo tras dejar el quidditch: era un nigromante. De los pocos que logran dominar las artes oscuras de la muerte y viven para contarlo. Quizá era ése el aura de misterio y peligro que envolvía al profesor en los momentos más duros o cuando impartía sus clases universitarias. Misterios de la Magia era una carrera con muchas vertientes y todas ellas peligrosas para quien no fuera lo suficiente responsable como para tomar en serio tales asuntos. En Defensa Contra las Artes Oscuras, sin embargo, quedaba al descubierto su lado más agraciado y querido por la mayor parte de sus alumnos: un profesor que les retaba y ponía a prueba para que lucharan por cumplir sus objetivos y superarse a sí mismos. Despertaba sensaciones contradictorias y confusas, pero quizás por ello le apreciaban.

Wellington encontró aquel día gris a pesar de que no lucía ni mucho menos tan nublado como otras tardes. Hogwarts estaba en las afueras de los territorios de Hogsmeade, más allá del inmenso Lago Negro que los separaba. Sin embargo los alumnos llegaban a la escuela desde Londres y debían coger un tren mágico en la capital inglesa que los conduciría hasta el pueblo. El clima de aquella zona solía ser frío y húmedo, pero le gustaba. Aquel día pudo permitirse el lujo de pasear por los terrenos. El color negro de su túnica se encargaba de atrapar los pocos rayos de sol que caían en la zona y mantenerlo abrigado. La calma de los terrenos de la escuela no era casual, para nada. Los alumnos mayores de trece años se encontraban, en su mayoría, visitando Hogsmeade. Los de primer y segundo año eran bastante tímidos o estaban todavía demasiado desubicados como para atreverse a alejarse tanto. Además, la leyenda del Sauce Boxeador les volvía temerosos y miraban aquella parte de los terrenos con recelo y cautela.

Un estremecimiento recorrió la tierra bajo los pies del profesor. Wellington se paró en seco y aguzó el oído con el ceño fruncido. La brisa trajo hasta él algo parecido al rasgar de las páginas de un pergamino, pero Wellington llevaba demasiado tiempo en Hogwarts como para no reconocer ese sonido; era el mismo que producía el Sauce Boxeador cuando se disponía a moverse de forma brusca tras su letargo. Y solo había algo que podía alterar la tranquilidad del árbol. Wellington apretó el paso hasta que finalmente echó a correr. Vio, a lo lejos, que el árbol alzaba una de sus ramas como si de un puño amenazante se tratara y que se inclinaba sobre algo que no alcanzaba a ver, pero que debía de estar cerca. No llegaría a tiempo y el instinto actuó antes que la conciencia. Tan pronto como hubo estrechado los ojos, la figura del profesor desapareció en la nada para volver a formarse frente al cuerpo de una chiquilla que chillaba asustada. La capa de Wellington ondeó como si quisiera protegerla y el profesor alzó la varita señalando los nudos de la base del árbol.

El hechizo Immobilus se conjuró sin necesidad de que Ares Wellington hubiera despegado los dientes, ni su voz cruzado las barreras de su garganta.



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Re: ¡Alguien pode ese árbol! {con Ares Wellington}

Mensaje por Birgit W. Lohse el Miér Mayo 08, 2013 6:23 am

Temblando de pies a cabeza Birgit esperó el golpe final que nunca llegó. Después de un rato se atrevió a abrir los ojos y vio sorprendida como el sauce boxeador había quedado inmovilizado y al responsable de aquello. Se alejó considerablemente de la zona del árbol antes de mirarlo a los ojos, que eran de un azul muy bonito pero de una mirada dura y fría. Era más que obvio de que se trataba de un profesor.

-Em...yo, digo, muchas gracias- le dijo sinceramente con su notable acento noruego, si de por si era algo difícil dirigirse en inglés, aún lo era más cuando tenía los nervios a flor de piel. Poniendose de pie con dificultad. Se sacudió el polvo de su uniforme y sus rodillas, que estaban considerablemente raspadas por su caída. Apretó con nerviosismo el libro por el que ridículamente había arriesgado su vida contra su pecho ¿Había visto el señor cual era la razón de casi recibir una paliza de una planta?

-Yo, me caí y... rodé hasta la zona del sauce- explicó torpemente, algo que no era del todo mentira, agachó la mirada algo sonrojada y con el ceño fruncido, mirando al suelo -Lo siento mucho- . No quería que la castigaran, a ella nunca la habían castigada, era una buena chica, de las que nunca faltaban a una clase aún cuando estuviera enferma y no hacía travesuras por los pasillos, no quería manchar su expediente por su estupidez. Como es usual en ella le sonrió aquél hombre, ofreciéndole una sonrisa algo tímida y nerviosa, pero era sincera. La chica era conocida por siempre mantener una bella sonrisa en el rostro y que nunca se enfadaba, era su mecanismo de defensa mostrar que todo estaba bien y que nada le afectaba. Era en parte una cualidad ser tan paciente y tolerante, pero también era un defecto reprimir tanto coraje. Todos estaban seguros de que explotaría algún día.

El hombre aunque parecía ser serio y algo... estricto, supo al instante que era un buen hombre. Después de todo le había salvado la vida. Se le hacía familiar, pero aún así no podía recordar quien era él. La noruega no sabía que más decir así que simplemente se limitó a morder su labio y jugar con sus manos mirando fijamente sus zapatos, esperando el veredicto.



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Perdón que se tan corto, pero debo correr al colegio, que llego tarde xD
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Re: ¡Alguien pode ese árbol! {con Ares Wellington}

Mensaje por Ares Wellington el Miér Mayo 08, 2013 8:09 am

El Sauce Boxeador se estremeció involuntariamente cuando el conjuro alcanzó los nudos de su corteza. Solo había dos formas de hacer que se detuviera: con el hechizo de congelación y pulsando un nudo determinado de su base. Ares prefirió utilizar ambas para asegurarse de que el árbol obedeciera dócilmente. No sabía hasta qué punto podría haber sido molestado por la muchacha y no deseaba arriesgarse ahora que él mismo estaba en medio para proteger con su cuerpo el de la alumna. Comprobó que las ramas permanecían petrificadas y que el único movimiento que se percibiese fuese el aliento del árbol viviente, el subir y bajar de su tronco como si fuera el pecho de un humano dotado de corazón y pulmones. Tras eso guardó la varita en el interior de su túnica y se giró para observar detenidamente a la culpable de la afrenta.

No era más que una niña a sus ojos. Una niña de rostro angelical y belleza innegable cuya inocencia o torpeza la habían llevado a semejante situación. Llevaba puesto un uniforme y con solo observar los colores oscuros del mismo adivinó a dónde pertenecía: Durmstrang. El acento que mostró poco después al hablar se lo confirmó. Wellington alzó una ceja con cierto escepticismo preguntándose si su director no les habría informado del peligro que suponía acercarse a determinadas zonas del castillo que, aunque no estaban vedadas en sí, no eran recomendables para los estudiantes. No lo creía posible y a punto estuvo de regañarla por su estupidez. Pero entonces vio el sonrojo de su piel pálida y la culpabilidad en esos ojos claros que no se atrevían a sostenerle la mirada por la vergüenza de haber sido encontrada en esa situación. Wellington sintió una punzada de interés que se acentuó al descubrir el libro que la muchacha agarraba con tanta fuerza. Tal vez solo fuera un accidente o tal vez solo mentía para salvarse de la humillación o un castigo inminente. El profesor decidió darle un voto de confianza escudándose en una neutralidad tan astuta como oportuna.

Accidentes como este se han cobrado la vida de muchos insensatos que han pisado inconscientemente los suelos de Hogwarts— proclamó por el mero placer de asustarla un poco—, pero como estás fuera de mi jurisdicción y no tengo potestad inmediata sobre tu escuela, fingiremos que no ha pasado nada y dejaremos que el Sauce descanse tranquilamente en sus dominios.

Era mentira. El Sauce Boxeador fue plantado por motivos de seguridad para que ningún alumno se acercara al pasadizo secreto que guardaban sus raíces y que conducía hasta la Casa de los Gritos en Hogsmeade, pero nunca se había cobrado ninguna vida afortunadamente. De vez en cuando algún loco acababa en la enfermería o el hospital por tratar de salvarlo sin ninguno de los dos métodos creados estrictamente para cruzar su trampilla, pero se recuperaba en cuestión de semanas. Huelga decir que nadie, salvo el personal de Hogwarts, conocía la existencia de aquel pasadizo. Así que si un alumno era inteligente y apreciaba su bienestar físico, mantenía los pies alejados de aquella zona o procuraba hacer el menor ruido posible para no molestar al Sauce. Wellington era consciente de que el hechizo no duraría eternamente y se alejó de la zona instando a la muchacha a que lo acompañase. Si bien el acento noruego en la voz de la chica era más que palpable, el inglés de Wellington resultaba arraigado y perfecto al haber residido en Londres casi toda su vida.



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Re: ¡Alguien pode ese árbol! {con Ares Wellington}

Mensaje por Birgit W. Lohse el Miér Mayo 08, 2013 8:41 pm

La expresión de la chica fue cómica, sus ojos enormes ojos azul se ampliaron notablemente, alzando sus cejas, y su boca se abrió ligeramente formando una perfecta "o" -¿De verdad?- dijo muy sorprendida y un tanto alarmada, haciendo remarcar su acento -No me malinterprete, es un árbol muy bello y... em... interesante- dijo frunciendo el ceño diciendo la palabra que creyó era más apropiada con una sonrisa de disculpa plantada en el rostro -Pero ¿Por qué conservar algo tan peligroso?- preguntó con el ceño ligeramente fruncido, no intentaba ser grosera, sus ojos brillaban con auténtica curiosidad. Y es que de verdad no le veía sentido, tal vez sólo sería decoración o algo distintivo tener árboles mata estudiantes.

Miró aún perpleja al sauce paralizado. Aunque un poco aterrador era en verdad fascinante, nunca había visto algo semejante ¡Ese sauce se movía! Y no solamente se movía, estaba dispuesto a darte una paliza si te le acercabas. Lo más parecido que había visto en su vida era la planta carnívora que había comprado su madre, y que al poco tiempo había muerto, pues su madre no era la más responsable del mundo. -¿No va a volverlo a la normalidad?- le miró espectante.

No sabía que más hacer ¿Ya era todo? ¿Debía irse? Con nerviosismo peinó su ahora revoltosa cabellera cobriza, genial, debía verse hecha un desastre frente al guapo profesor. Birgit lo recordó y se abofeteó mentalmente por ser tan estúpida -¿Usted se encuentra bien?¿No se lastimo ni nada verdad?De nuevo lo lamento, juro que esto no me pasa muy seguido- Se disculpó nuevamente, esta vez más relajada al saber que no tendría una sanción, le sonrió esta vez atreviéndose a mirarlo a los ojos sin pena o timidez. -Soy Birgit, señor, Birgit Wilhemina Lohse- se presentó educadamente extendiendo su pequeña y nivea mano.

Recordó el libro que apretaba compulsivamente contra su pecho y le hechó un vistazo, esperando no encontrar muchos daños en él. Además de estar un tanto empolvado, la portada se había cortado un poco, las páginas se habían arrugado considerablemente. Suspiró sonoramente antes de guardarlo
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Re: ¡Alguien pode ese árbol! {con Ares Wellington}

Mensaje por Ares Wellington el Jue Mayo 09, 2013 12:16 pm

Lo habitual era que los alumnos se estremecieran y decidiesen no volver a poner los pies en aquella zona. Pocos preguntaban acerca de la presencia del Sauce Boxeador en los terrenos de Hogwarts, aunque Wellington no se sorprendió de que la muchacha lo hiciera. Era el Jefe de Ravenclaw y estaba acostumbrado a las preguntas, tan simple como eso. No por nada la casa que regentaba era la más erudita de la escuela. Giró la cabeza para comprobar que la chica de Durmstrang le seguía y esbozó algo parecido a una media sonrisa. Sus manos estaban cruzadas a la espalda mientras caminaba.

El Sauce Boxeador es una reliquia que lleva aquí décadas— explicó pacientemente y con la serenidad que le caracterizaba—. Hay pocos ejemplares como este en todo el mundo y el director Albus Dumbledore, quien regentó la escuela durante la primera guerra y la mayor parte de la segunda, tuvo a bien hacerse con uno para exhibirlo en sus dominios. Huelga decir que esperamos prudencia por parte de nuestros alumnos, aunque los hay lo suficiente inconscientes como para aventurarse en el radio que marcan sus ramas.

Claramente aquello era una pulla hacia la muchacha. Fuera o no un accidente, su imprudencia le podría haber costado la vida de no haber aparecido el profesor o reaccionado por sí misma. Wellington era estricto con todos sin distinciones, ni siquiera con los de su propia casa. Muchos lo comparaban con Minerva McGonagall, la directora que regentó Hogwarts antes de la llegada de Aëria Haeffner, y que también fue respetada y conocida por su carácter regio y su severidad. Cuando la muchacha preguntó acerca del estado del árbol, Wellington amplió su sonrisa.

Tiene muy mal despertar—aseguró—, no creo que quieras estar cerca cuando lo haga.

Ni la historia del árbol ni las razones por las que se alejaban eran ciertas. Wellington buscaba apartar a la muchacha de allí para que no hiciera más preguntas ni indagara sobre la presencia del Sauce Boxeador. Le bastó una mirada a sus ojos azules para saber que la chica era inteligente, quizá demasiado, y que podría averiguar por sí misma la existencia del pasadizo a los pies del sauce. Cuando estuvieron lo suficientemente apartados, se detuvo y contempló cómo las ramas volvían a la vida azotándose en el aire bajo la frustración de no haber alcanzado ninguna de sus presas. Un pobre pájaro que pasaba por allí sufrió las consecuencias y Wellington alzó las cejas mirando a la muchacha. Te lo dije, parecía decir su mirada penetrante y burlona. Abrió los brazos en cruz para mostrar su cuerpo. Ni un solo rasguño más allá del ligero mareo habitual en los magos que se aparecían con la rapidez que él lo había hecho y sin tomar precauciones. Cuando ella se presentó, Wellington extendió la mano y estrechó con firmeza la suya. Un dato curioso es que Wellington nunca llevaba las manos desnudas; se percibía la calidez de estas, pero siempre estaban cubiertas por unos guantes independientemente de la época del año que fuera.

Ares Alexander Wellington, Rector de la Casa Ravenclaw, profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras y tutor de Misterios de la Magia—se presentó con la misma firmeza con la que estrechaba su mano. Después la soltó—. ¿Usted está bien, señorita Lohse?



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Re: ¡Alguien pode ese árbol! {con Ares Wellington}

Mensaje por Birgit W. Lohse el Sáb Mayo 11, 2013 7:40 am

Miró con más interés y fascinación al árbol, era poco usual hasta en el mundo mágico, podía entender por una parte porque tenían y apreciaban tanto ese sauce, aunque la noruega seguía pensando que algo como eso no debía mantenerse en un colegio lleno de estudiantes, quizá alguno tenía peor suerte que ella (si es que eso era posible), y caía en los dominios de la colosal planta sin nadie al rededor para salvarlo.

Por supuesto había escuchado de Albus Dumbledore, había unas cuantas biografías y libros sobre él e incluso creyó ver un retrato de él por alguna parte en el interior del castillo. Había sido un hombre de larga barba blanca y gafas de media luna, por las que se podían ver unos sabios y cordiales ojos. Se podía deducir que él había sido un hombre importante y admirado por muchos, también había escuchado decir a algunos que era el mejor director que Hogwarts había tenido.

Bajó la cabeza avergonzada al escuchar la pulla del profesor —Vale, lo siento, no volverá a ocurrir lo juro. No estaba pensando con claridad— dijo sintiendo la sangre arremolinandose en sus mejillas, la pobre casi nunca se metía en problemas y no podía evitar sentirse algo humillada por lo acontecido.

Volteó a escuchar raros sonidos proviniendo del sauce. Estaba despertando. Un desafortunado pajarillo voló en el lugar y momento incorrecto pues pronto fue derribado por una de sus ramas. Miro al señor con la boca ligeramente abierta mientras el tenía una expresión de "te lo dije" grabada en el rostro.

Suspiró aliviada cuando comprobó que el profesor estaba bien. Ya había tenido suficientes verguenzas en un día como para empeorarlo teniendo que ir un profesor a la enfermería por su culpa —Me alegro de que esté bien— dijo educadamente con una sonrisa tímida.

Estrechó suavemente la mano cubierta por el guante, ofreciendole una radiante sonrisa —Es un placer señor Wellington, de nuevo gracias por salvarme, no se que hubiera pasado si no hubiera aparecido— dijo con sinceridad. Se encogió de hombros ante su pregunta y miro sus rodillas, que tenían varios cortes que ardían un poco pues estaban las heridas algo sucias por la tierra del suelo —Nada importante— dijo restando importancia.
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Re: ¡Alguien pode ese árbol! {con Ares Wellington}

Mensaje por Ares Wellington el Dom Mayo 19, 2013 2:46 pm

La muchacha estaba herida, pero por alguna razón Wellington prefirió fingir que se centraba en el libro que con tanto afán protegía entre sus brazos. Distinguió sus pastas gastadas y el olor de la biblioteca, que aunque en el exterior pudiera pasar desapercibido por la mayoría, no era tanto así para quienes estaban acostumbrados, como él, a deambular por las estanterías. También distinguió su título en inglés y eso le hizo arquear una ceja mientras subía la mirada hasta clavar los ojos en los de la muchacha. Esos ojos del color del zafiro que lograban que muchos se estremeciesen bajo la sensación de que Wellington pudiera introducirse en sus mentes con una facilidad pasmosa e inquietante.

- No será eso un libro de la biblioteca, ¿verdad?- preguntó.

Apenas estaba arañado, pero ya podía imaginar a la bibliotecaria poniendo el grito en el cielo si lo veía en ese estado. La señora Pince llevaba años trabajando en Hogwarts y parecía que a cada década que viviese, más huraña se volvía. Ya estaba en Hogwarts cuando él era apenas un alumno, y también lo estuvo en la época de otros profesores como Neville Longbottom, que impartía Herbología. Por las barbas de Merlín, ¿cuántas broncas y riñas se habría llevado Ares por parte de esa mujer siendo, como siempre fue en su día, un alumno ejemplar y sumamente cuidadoso con los libros que tocaba? Pero ella siempre encontraba pegas a todo y estaba seguro de que la muchacha noruega sería su próxima víctima si lograba poner sus zarpas de rata de biblioteca sobre ella.

En algún momento de la conversación se acercaron varios alumnos que Wellington no había visto venir. No eran de su casa y vestían el escarlata de Gryffindor y el dorado de Hufflepuff. La mayoría bajaron la cabeza tímidamente, pero un par de ellos, los más decididos, alzaron el brazo y corearon el nombre del profesor para saludarlo. Wellington les respondió con una inclinación de cabeza y observó que también lanzaban miradas curiosas a la chica de Durmstrang. Les resultaba atractiva cuanto menos, aunque tuviese pinta de haberse peleado con una planta carnívora.

- Será mejor que vaya a la enfermería a desinfectarse eso, señorita Lohse- resultaba cómico hasta cierto punto oírle decir ese apellido con su acento inglés-. Al menos antes de que se infecten.

Típico de Wellington: primero el patrimonio escolar y luego los alumnos. Ravenclaw tenía que ser.



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