La llegada del otoño anuncia el inicio de un nuevo curso escolar en Hogwarts. Pero este otoño no trae consigo sólo colores vivos y hojas caídas, trae también la presencia de una nueva alianza.
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Ravenclaw's Pride

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Ravenclaw's Pride

Mensaje por Ares Wellington el Sáb Mayo 04, 2013 3:09 pm


Ares Alexander Wellington

Apodos: Sombra, Lobo
Edad: 29 años
Raza: humano; animago
Status de Sangre: puro
Clase Social: alta
Casa: ex-Ravenclaw
Ocupación: profesor de Hogwarts
Nacionalidad: Irlanda
O. Sexual: heterosexual
Patronus: lobo
Boggart: inferi
Otros: Jefe de la Casa Ravenclaw


Descripción psicológica

"...cada persona es un mundo, pero esta frase no termina de cobrar sentido en tu cabeza hasta que conoces al profesor Wellington."

La fama cambió su carácter, pero mucho más lo hizo tener que abandonar el quidditch a causa de una lesión incurable. De joven se caracterizó por ser un muchacho arrogante, déspota y orgulloso de sus orígenes. No terminaba de ser como el resto de águilas de la casa Ravenclaw que se mantenían al margen de las disputas. Wellington quería más y muchos llegaron a dudar de que el Sombrero Seleccionador lo hubiese enviado a la casa adecuada y esta no fuera Slytherin. Pero la mente privilegiada con la que nació decía lo contrario y el tiempo se encargó de poner cada cosa en su lugar.

Tras su lesión y abandono del quidditch, Wellington se volvió una persona cerrada y taciturna. Tenía sus propias creencias o ideas tan bien arraigadas, que rara vez se dignaba a escuchar las opiniones de los demás. Con el paso de los años y quizá de sus conocimientos personales, su carácter aflojó y volvió a ser un hombre sociable y a veces incluso ameno. Hay un muro de piedra y hielo que impide entrar en terrenos más personales, pero aun así es una persona a la que le gusta escuchar y que siempre contará con el consejo acertado para cada situación. Los alumnos le tienen respeto y algunos, los menos nobles, incluso miedo. Wellington es sumamente estricto con ellos, pero hasta la fecha no se ha negado nunca a ayudar a nadie con su materia. Sigue siendo orgulloso y le gusta que su casa se llene de elogios con la inteligencia de sus alumnos. Por ello les insta a esforzarse más y más para que Ravenclaw siga en su cúspide de conocimiento y sabiduría a ojos de los demás tanto dentro como fuera de Hogwarts.

Aunque hasta la fecha ha sido siempre popular y ha tenido éxito con las mujeres, tanto alumnas como adultas, Wellington parece negarse a mantener ningún tipo de relación afectiva con ninguna. No se le conoce aventura, noviazgo o mucho menos promesa de matrimonio. Claro que el profesor Wellington suele ser un hombre bastante discreto en estos temas, tanto si vienen de él como si son de otra persona. Tal vez sea ese aire sombrío de misterio y peligro lo que no termina de encajar o tal vez simplemente haya preocupaciones más urgentes en la cabeza del profesor.

Se rumorea que es fiel a la Orden del Fénix, aunque son muchos los que piensan que tan solo es un rumor infundado. La mayoría cree que si los mortífagos aun existieran, Wellington estaría mucho más a gusto en sus filas.


Descripción física

Color de ojos: azules
Color de pelo: negro azabache
Color de piel: caucásico
Tatuajes/Piercings: ninguno
Peso: 86 kg
Altura: 1'90 cm
Complexión: atlético, fuerte
Otros: tiene tres cicatrices, una en la frente, una segunda en la pierna derecha y otra en el antebrazo izquierdo.

Historia

La primera vez que vi a Ares Wellington fue en el Andén 9 y 3/4 que nos conduciría hasta Hogwarts. Desde ese momento supe que era un chico especial en alguna forma que yo me veía incapaz de comprender. Estaba acompañado de su abuelo materno, un mago italiano de edad avanzada que, según supe después, se llamaba Nero Schiavone. Iban de la mano y Wellington parecía especialmente nervioso ante la perspectiva de montar en el tren. Había otra pareja al lado de ambos, un mago y una bruja que parecían estar casados, pero no me cayeron bien. Miraban a ambos con desprecio, en especial al señor Schiavone, y en ese momento me sentí apenada por los dos. Sin embargo Ares parecía ajeno a esto y sonreía mientras veía a los alumnos mayores montarse en el tren. Yo le seguí porque, muy a mi pesar, era una de tantas hijas de muggles que no tenían ni idea de lo que pasaba a mi alrededor y pensé que él podría guiarme. Me sonrió con una sonrisa encantadora, reluciente y maravillosa. Recuerdo que mi madre comentó al señor Schiavone que era muy afortunado y que seguramente su nieto sería un hombre muy atractivo cuando creciese. Yo decidí mirar a otra parte porque había cierto brillo salvaje en los ojos del señor Schiavone que me aterrorizaba y provocaba escalofríos sin saber bien por qué.

Nos despedimos de nuestras familias y subimos al tren. Recuerdo que sentí cierto agobio claustrofóbico cuando traté de moverme por el pasillo atestado de estudiantes en busca de algún compartimento libre. Ares, a pesar de tener tan solo once años por aquel entonces, fue tan caballeroso de llevar su baúl a uno de los compartimentos y regresar después por el mío para ayudarme a cargarlo. Notaba en sus gestos, su manera de hablar y la forma de comportarse que debía haber crecido en una familia adinerada con costumbres y protocolos dignos de las altas esferas y vino a mi mente el halago de mi madre antes de subir al tren. Nos quedamos sentados en el mismo compartimento, uno frente al otro, junto con otros tres alumnos más. En total éramos tres chicas y dos chicos, así que naturalmente Ares no tardó en centrarse mucho más en William que en nosotras, que tendíamos a hablar de cosas que nunca interesan a los hombres -risas-. Sin embargo recuerdo que Ares, de vez en cuando, se giraba para preguntarnos acerca de cualquier tontería que estuviésemos hablando por el mero hecho de ser caballeroso con nosotras y no parecer que nos ignoraba deliberadamente por pesadas, lo que realmente éramos -risas de la entrevistada y el periodista-.

Cuando llegamos a Hogwarts ya habíamos hablado lo suficiente entre los cinco como para conocer casi todos los aspectos de nuestras cortas vidas. Ares era mucho más social por aquel entonces y supe de su boca la historia de su familia. Era uno de los pocos nacidos de sangre pura que quedaban en el mundo y cuya genética no se hubiera visto afectada por el paso de los años. Sus padres murieron durante la Segunda Guerra del Señor Oscuro cuando tan solo tenía tres años y lo hicieron a las puertas del mismo Hogwarts que ahora estábamos pisando. Una parte de mí se encogió cuando traté de imaginarme en el lugar de Ares y pensar que estaba pisando el mismo suelo que sus padres la última vez que pudieron abrir sus ojos al mundo. Su abuelo también peleó durante la batalla, pero tuvo la suerte -o infortunio- de sobrevivir bajo el precio de ver perecer a su hija delante de sí mismo. Pero Schiavone era el dueño de varias empresas italianas en Florencia y no podía cuidar de él, así que Ares vivía con el hermano de su padre y la esposa de éste, el señor y la señora Wellington. Cuando quise indagar en el asunto, me dijo que se llevaba bien con sus tíos y que le querían. No había maltratos ni desprecios, así que no entendí muy bien a cuento de qué venían sus miradas en la estación.

Ares fue destinado a Ravenclaw, como su madre y su abuelo, y yo a Hufflepuff. Aun así no perdimos el contacto en los siguientes tres años, aunque a raíz del cuarto comenzamos a distanciarnos. No quiero hablar pestes de él ni mucho menos, pero la adolescencia sorprende a cada uno de una manera diferente. A Ares lo llenó de arrogancia, prepotencia y orgullo por lo que era. Comenzó a rodearse de los hijos de amigos de su tío, que eran puristas, y estos sembraron ideas de perfección en su cabeza. Ninguna de estas ideas, por supuesto, se ajustaba a mi persona. Así que Ares dejó de hablarme con el tiempo y yo me limité a observarle desde la distancia porque de alguna forma sabía o esperaba que el chico amable y caballeroso del tren siguiera escondido en alguna parte de su ser. Ares había ingresado en el equipo de quidditch de su casa como cazador unas temporadas y golpeador otras tantas. En ambas posiciones era bueno. A decir verdad, Ares se esforzaba hasta el límite para ser bueno en todo lo que hacía y lo lograba, a saber cómo, con la cabeza bien alta y sin una muestra de cansancio. Le admiraban, era popular y yo me veía lejos de su círculo de amigos. Así que no tengo mucho más que contar sobre sus últimos años de escuela, salvo que como todo Ravenclaw sacó notas ejemplares en sus T.I.M.O.S y E.X.T.A.S.I.S y se ganó el Premio Anual de la escuela de mano de la propia profesora McGonagall, nuestra directora.

¿Que si me gustaba? -risas de la entrevistada- ¡Por favor, a qué chica no le gustaba Ares Wellington en aquélla época! Estaba en el equipo, era popular, rico, atractivo y se codeaba de gente importante. Era el príncipe azul que todas soñábamos, y no precisamente por el color de su Casa. Tuvo varias novias, por supuesto. Nada serio dado que muchas de ellas no llegaron al año de estar con él. Éramos críos y esas cosas, para nosotros, suelen ser tonterías. Cuando Ares se graduó e ingresó en el equipo de quidditch de los Chudley Cannons como bateador, hubo muchos suspiros de decepción por parte de las alumnas que no se atrevieron a acercarse a él por miedo a ser rechazadas. Su popularidad creció dentro y fuera de los muros de Hogwarts hasta que, bueno... -suspiro y más risas-, ya todos sabemos lo que pasó ese día a los cuatro años de haber ingresado en el equipo: Ares se lanzó por una bludger para salvar a su compañera de equipo de una caída mortal y pagó el plato rompiéndose el brazo en tres partes distintas hasta el punto de tener que abandonar el juego de por vida. Mentiría si dijese que no sentí lástima por él aunque supiera que se lo tenía merecido con creces. Era consciente de cuánto amaba Ares el quidditch y de lo doloroso que tuvo que ser para él recibir esta noticia en el auge de la temporada. Pero abandonó el equipo con la cabeza alta, como era habitual en él, y entre los aplausos de sus compañeros y sus fans. Un final digno para cualquier jugador de quidditch de su talante y un desenlace parecido.

Justo después de aquéllo recuperé el contacto con él de la misma forma brusca que lo perdí. Siempre he trabajado en el Ministerio de Magia. Al principio no tuve las cosas fáciles, pero más adelante se me allanó el camino y pude avanzar en mi carrera. El día que Ares se presentó para alistarse en la carrera de Inefable y cursar Misterios de la Magia, no pude caber en mí de orgullo cuando le hice entender que, sin mi aprobación, no podría cursar la carrera -risas maliciosas-. Pero siempre he tenido mucho aprecio a ese hombre y no pude mantener mi treta mucho tiempo más. Dejé la broma aparte y le di la bienvenida como uno más del equipo. Desde entonces nos vimos a menudo y no me sorprendió saber que era el aprendiz más talentoso que teníamos en nuestras filas. Ares volvió a cambiar, esta vez para bien, y se volvió una persona mucho más amable, sociable, responsable y dedicada a su trabajo. Ni siquiera perder el contacto con sus tíos a raíz de una discusión familiar cambió su determinación y se graduó con los mismos honores que lo hiciera años atrás en Hogwarts.

Trabajamos juntos en el Ministerio durante dos años hasta que Ares decidió probar suerte impartiendo sus conocimientos en la escuela. La directora Haeffner le aceptó de inmediato y con el tiempo fue nombrado Jefe de Ravenclaw, como era su sueño, o eso creo -ríe-.

Muy pocos saben algo acerca de los sueños de Ares y yo no soy quién para traicionarlos. Dicen que cada persona es un mundo, pero esta frase no termina de cobrar sentido en tu cabeza hasta que conoces al profesor Wellington.


Amanda McMillan. Inefable del Ministerio de Magia.
Entrevista concedida en exclusiva al diario El Profeta.

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Última edición por Ares Wellington el Mar Mayo 07, 2013 10:32 pm, editado 2 veces
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Re: Ravenclaw's Pride

Mensaje por Arthur S. Cacciatore el Sáb Mayo 04, 2013 8:54 pm


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